Reconciliación Entre Jacob y Esaú

Génesis 32:3 – 33:17

 

Jacob mandó un mensajero a decir a su hermano Esaú, “Hasta ahora, yo he estado viviendo con Labán.  Tengo vacas, asnos, ovejas y sirvientes.  Ahora le mando este mensaje para ver si me recibes con buena voluntad.”

 

Cuando los mensajeros regresaron, dijeron a Jacob, “Fuimos con tu hermano.  El viene ahora, y trae cuatrocientos hombres.”

 

Entonces Jacob tuvo mucho miedo.  Dividió a su gente y los animales en dos grupos.  Pues pensó, “Si Esaú ataca a un grupo, el otro grupo podrá escapar”

 

Y Jacob oró a Dios, “O Dios de mi padre Abraham y de mi padre Isaac.  Tú me dijiste, ‘regrese a tu tierra y yo te ayudaré’.  Yo no merezco la bondad y la fidelidad que tú me has mostrado.  Cuando crucé el río Jordán yo no tenía mas que mi bastón, pero ahora he llegado a tener suficiente gente para hacer dos grupos.  Te pido que me salves de mi hermano Esaú.  Tengo miedo que él me ataque y también a los niños y a sus madres.  Pero tú has dicho que me harás prosperar y que me darás tantos descendientes como la arena, ¡lo cual jamás se podrá contar!”

 

Jacob pasó la noche en ese lugar, y escogió muchos de sus animales para regalar a su hermano Esaú.  Encomendó los animales a sus sirvientes y les dijo, “Váyanse delante de mí.  Dejen un espacio entre las manadas.  Cuando mi hermano Esaú les encuentre y les pregunte ‘¿A quién perteneces?  Y ¿a dónde vas?  ¿De quién son esos animales?,’ dile ‘Son regalos para usted, de su siervo, Jacob.  Él viene detrás de nosotros.’

 

Jacob mandó a toda su gente y todos sus bienes al otro lado de un arroyo, y él se quedó solo.  Durante la noche un hombre luchó con Jacob.  Cuando el hombre se dio cuenta que no pudo vencer a Jacob, lo tocó en la cadera y así la dislocó.  Al amanecer el nuevo día, el hombre le dijo, “Suéltame, porque ha llegado el día.”  

 

Pero Jacob le dijo, “No te soltaré hasta que me bendices.”  

El hombre le preguntó, “¿Cómo te llamas?”

 

“Me llamo Jacob,” respondió.  

 

El hombre le dijo, “Ahora tú nombre será Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres.”  

 

Entonces Jacob le pidió, “Por favor, dime tu nombre.”  

 

Pero el hombre le dijo, “¿Por qué pides mi nombre?”  Y el hombre bendijo a Jacob.  

 

Jacob llamó el lugar Penuel, porque dijo, “He visto a Dios cara a cara, ¡y aún estoy vivo!”

 

Al siguiente día, Jacob vio que venía Esaú con sus cuatrocientos hombres.  Jacob dividió a los niños entre sus esposas.  Puso a las sirvientas con sus hijos delante.  Después iba Lea con sus hijos, y después iba Raquel con su hijo, José.  Luego Jacob pasó delante de ellos.  Al ver a su hermano se inclinó al suelo siete veces.

 

Pero Esaú corrió para encontrarse con Jacob, y lo abrazó y lo besó.  Y los dos hermanos lloraron.  Jacob presentó toda su familia a Esaú.  Luego Esaú le pregunto, “¿Qué significa todas estas manadas que encontré en el camino?”

 

Jacob le dijo, “Son para ganarme tu confianza.”

 

Pero Esaú le dijo, “Hermano, tengo suficiente.  Quédate con lo tuyo.”  

 

Pero Jacob insistió, “Si he ganado tu confianza, acepta mi regalo, porque verte en persona es como ver a Dios.”  Por fin Esaú acepto el regalo.

 

Esaú quería acompañar a Jacob, pero Jacob le dijo, “Los niños son débiles y algunos de los animales andan con cría.  Yo iré despacio mientras que tu vayas delante.”

 

Entonces Esaú regresó a su tierra.  Pero Jacob se fue a otro lugar e hizo su casa y unas enramadas para los animales.