Las Profecías de Isaías Acerca del Prometido de Dios

Isaías 7:14, 9:2-3, 6-7, 40:3-5, 53:1-12

Por tanto, Dios mismo les va a dar una señal.  Una virgen concebirá.  Ella dará a luz un hijo y le nombrará Emmanuel, que significa Dios con nosotros.  La gente que anda en tinieblas verá una gran luz.  Una luz que brillará en todos los que moran en la tierra de sombra de muerte.  Dios, tú has traído una gran alegría.   Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo.    Y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.  Él establecerá su reinado con justicia y paz y este nunca se acabará.  Dios Poderoso lo hará.

Una voz grita: Preparen el camino del Señor; ábranle un paso recto, y todo el mundo verá la salvación de Dios. 

¿Quién ha creído a nuestro mensaje?  ¿A quién ha revelado Dios su poder?  A los ojos de Dios, él creció como renuevo tierno que brota de una raíz en tierra seca.  Los hombres lo despreciaban y lo rechazaban.  Era un hombre lleno de dolor, que sufría mucho.  Le volvimos la espalda. Sin embargo, él estaba cargado con nuestros sufrimientos y nuestros propios dolores.  Pensábamos que Dios lo había herido, lo había castigado y humillado.  Pero él fue herido por causa de nuestra rebeldía, fue atormentado por nuestros pecados.  El castigo que sufrió nos trajo la paz.  Por sus heridas hemos sido sanados.  Todos nosotros nos perdimos como ovejas.  Cada uno sigue su propio camino.  Pero Dios echó sobre él los pecados de todos nosotros.

Él fue oprimido y maltratado, pero ni siquiera dijo una palabra.  Como cordero llevado al matadero u oveja ante los trasquiladores, así quedó callado.  No abrió su boca.  Lo llevaron injustamente a la muerte.  Le dieron muerte por los pecados de la gente.  Él no había hecho mal alguno, ni hubo engaño en su boca.  Aún así lo sepultaron como un criminal en la tumba de un rico. 

Pero era la voluntad de Dios quebrantarlo y entregarlo en sacrificio por el pecado de otros. Sin embargo, él tendrá muchos descendientes y por medio de él tendrán éxito los planes de Dios.  Después de tanta aflicción, verá la luz y quedará satisfecho con el resultado.

Dios le dará un lugar de honor.  Porque se entregó a la muerte y fue contado como pecador.  En realidad él cargó los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.