Jeremías y la Infidelidad de Israel

Jeremías 7, 8:1-3, 18, 9:11-13

 

Un día Dios habló a un profeta llamado Jeremías y le mando a decir a los israelitas que se mejoran sus vidas y él les dejaría seguir viviendo en esa tierra. Dios les dijo: “Ustedes matan, cometen adulterio, juran en falso, ofrecen incienso a Baal, dan culto a dioses a quienes no conocen. Después vienen a este templo que está dedicado a mí, y se presenten delante de mí. ¿Acaso esta casa es una cueva de ladrones? Yo he visto todo eso. Aunque ves tras ves yo les he hablado, no me han hecho caso. Por eso les arrojaré de mi presencia.”

 

Y a Jeremías Dios dijo, “No ores ni ruegues por este pueblo. ¿No ves lo que ellos hacen? Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego y las mujeres preparan la masa para hacer tortas y ofrecerla a la diosa que llaman Reina del Cielo. También me ofenden, porque ofrecen vino a dioses ajenos. Mas bien, se ofenden  a sí mismos. Por tanto, dice Dios, "voy  a derramar sobre este lugar toda mi ira; sobre los hombres y los animales, sobre los árboles y los frutos de la tierra. Será como un incendio que no se apagará".  Dice el Dios todopoderoso, "ofrezcan sus sacrificios y coman de esa carne. Cuando yo les saqué a sus antepasados de Egipto, no les mandó nada acerca de sacrificios. Pero sí les mandó que me obedecieran. Así yo seria su Dios, y ellos serían mi pueblo. Y les dije que escuchen mi voz para que les fuera bien.   Pero no me escucharon, ni me dieron cuenta, sino que tercamente siguieron las malas consejos de su corazón. Y en ves de seguir adelante, se volvieron hacia atrás.”

Entonces dijo Dios a Jeremías, “Tú pues, dirás todas estas cosas a ellos, pero no te escucharán, y no te responderán cuando les llama.  Diles entonces - este pueblo no ha obedecido a Dios y no quiere ser corregido. La verdad se ha desaparecido de sus bocas. Las personas han hecho lo malo ante mis ojos. Han puesto ídolos en mi templo, y lo han profanado. En el valle han construido lugares altos donde quemen a sus hijos e hijas - Yo nunca les mandé a hacer esto, ni lo pensé. Por eso, les aseguro que vendrá el día en que este valle será llamado el Valle de la Matanza. No habrá suficiente lugar para enterrar todos los cuerpos. Las aves del cielo, y las bestias de la tierra los comerán. Y les hará desaparecer los cantos de fiesta y alegría en las ciudades y las calles.  Toda la tierra será vació como un desierto. Y en aquel tiempo sacarán los huesos de los reyes y los jefes, y de los sacerdotes y los profetas y todos los que vivían en Jerusalén. Serán tenidos al sol y la luna y todas las estrellas a los cuales lo habían adorado. No serán recogidas ni enterradas, mas bien, quedarán como estiércol. Y las personas que viven preferirán la muerte.

 

Dios le confirmó a Jeremías todo el castigo de Israel. Y Jeremías lleno de dolor, se clamo, diciendo “Mi dolor no tiene remedio, mi corazón desfallece.” Pero Dios le dijo a Jeremías que le iba a destruir a Jerusalén, porque este pueblo rechazó sus leyes y no obedeció a Dios.