Jesús Sana a un Endemoniado

Lucas 8:26-39, Marcos 5:1-20

Jesús y sus discípulos navegaron en un barco hasta la otra orilla del lago. Cuando Jesús bajó a tierra, salió a su encuentro un hombre del pueblo que estaba poseído por un espíritu malo. Hacía mucho tiempo que no se ponía ropa, y vivía entre las tumbas en el cementerio. Muchas veces las personas del pueblo le habían atado con cadenas. Y aunque estaba atado con cadenas él las rompía. Y él caminaba en lugares desiertos gritando y muchas veces se hacia daño con piedras.

Cuando este hombre vio a Jesús, cayó delante de Él, gritando, “¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te ruego que no me atormentes!” Pues Jesús ya había mandado el espíritu malo que saliera de él.

Jesús le preguntó, “¿Cómo te llamas?”

Y él le contestó, “Me llamo Legión,” porque él tenía no solo uno, sino muchos espíritus malos. Y los espíritus malos le rogaron a Jesús que no los mandara al lugar de castigo.

Cerca de allí, había una manada grandísima de cerdos comiendo en un cerro. Y los espíritus malos le rogaron a Jesús que los dejara entrar en esos animales. Y Jesús les dio permiso. Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos. Todos los cerdos se tiraron del precipicio al lago, y se ahogaron. Cuando los hombres que cuidaban los cerdos vieron lo que había pasado, corrieron al pueblo y al campo para contar a todos lo que sucedió.

Y pronto salió un grupo grande de gente a ver lo que había pasado. Ellos encontraron al hombre que antes tenía espíritus malos, sentado a los pies de Jesús, vestido y comportándose normalmente. Entonces la gente tuvo mucho miedo. Y los que habían visto lo que había sucedido, les contaron al grupo cómo había sido sanado el hombre por Jesús. Pero toda la gente de la región comenzó a rogarle a Jesús que se fuera de allí, porque tenían mucho miedo. Así que Jesús subió al barco para regresar.

Entonces el hombre que había sido sanado le rogó a Jesús que lo dejara ir con él. Pero Jesús le mandó, diciendo, “Vuelve a tu casa y cuenta cuán grandes cosas Dios ha hecho por ti y cómo ha tenido misericordia de ti.” Y el hombre se fue y contó por todo el pueblo y los alrededores lo que Jesús había hecho por él. Y toda la gente quedó asombrada.