Jesús Habla Con Una Mujer de Samaria

Juan 4:4-26, 28-30, 39-42

 

Jesús y sus discípulos llegaron a un pueblo donde estaba un terreno que hacia años pertenecía a Jacob.  Jesús estaba cansado, y se sentó cerca de un pozo llamado el pozo de Jacob.  Era el mediodía, y los discípulos se fueron a buscar comida.

 

Mientras tanto una mujer samaritana llegó al pozo para sacar agua.  Jesús le dijo, “Dame de beber.”

 

La mujer respondió, “¿Cómo es que tu, un judío, pides agua de mí, una mujer samaritana?” (Porque los judíos no tenían nada que ver con los samaritanos.)

 

Entonces Jesús dijo a la mujer. “Si supieras el regalo que Dios ofrece, y conocieras quien te pide agua, tú pedirías de él agua de vida.”

 

Pero la mujer le dijo, “Señor, tú ni tienes con que sacar agua.  Y este pozo es muy hondo.  De donde, entonces, me vas a traer agua.  Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo.  El y sus hijos y sus animales tomaron de este mismo pozo.  ¿Acaso tú eres mayor que él?”

 

Jesús contestó, “Cualquiera que toma el agua de este pozo volverá a tener sed.  Pero él que toma el agua que yo ofrezco, nunca jamás tendrá sed.  Porque el agua que yo le daré, brotará en él como una fuente de vida eterna.”

 

Al oír esto, la mujer le dijo,  “¡Dame este agua entonces, para que no vuelva a tener sed y nunca tendré que regresar a este pozo a sacar agua!” 

 

Entonces Jesús dijo a la mujer, “Ve a traer a tu esposo.”

 

Pero la mujer le dijo, “No tengo esposo.”

 

Jesús le dijo, “Es cierto cuando tú dices que no tienes esposo.  Pues has tenido cinco esposos.  Y él que tienes ahora no es tu esposo.”

 

Al oír esto, la mujer le dijo a Jesús, “Señor,  me doy cuenta que tú eres un profeta.  Nuestros antepasados adoraron a Dios aquí en esta montaña, pero los judíos dicen que hay que adorar en Jerusalén.”

 

Jesús le dijo, “Mujer, créeme” La hora viene cuando no adoraremos a Dios ni en esta montaña, ni en Jerusalén.  Ustedes, los samaritanos, ni conocen a quien adoran.  Pero nosotros si conocemos a quien adoramos.  Porque la salvación viene de los judíos.  Pero la hora viene, y en verdad la hora ya ha llegado cuando los que adoraran, adorarán en espíritu y en verdad.  Dios busca a los que le adoran así.  Porque Dios es espíritu, y debemos adorarle en espíritu y en verdad.”

 

La mujer le contestó, “Yo sé que vendrá el Prometido de Dios, quien es el Cristo.  Y cuando él llega, nos explicará todas estas cosas.”

 

Y Jesús le dijo, “Soy yo, el quien habla contigo.”

 

En esto llegaron los discípulos.  Entonces la mujer, dejando su cántaro, regresó al pueblo y dijo a todos. “¡Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho!  ¿Puede éste ser el  Cristo?”  Entonces la gente se fue a ver a Jesús.

 

Y muchos de los samaritanos creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer.  Porque ella les había dicho, “Él me a dicho todo lo que he hecho.”

 

Los samaritanos le pidieron a Jesús que se quedara con ellos.  Entonces Jesús se quedó dos días más.  Y muchas mas personas creyeron, y dijeron a la mujer, “Ahora creemos, no solo por tú palabra, sino que nosotros mismos ya le hemos oído,  y  sabemos que él es el salvador del mundo.”