Felipe y el Oficial de Etiopía

Hechos 8:25-40

 

Un ángel de Dios le dijo a Felipe: “Levántate y vete al sur, por el camino que pasa por el desierto.”  Entonces, él obedeció.


En el camino Felipe se encontró con un oficial -el tesorero- de la reina del país de Etiopía.  El oficial había ido al templo en Jerusalén para adorar a Dios y estaba de regreso a su tierra.


El Espíritu Santo le dijo a Felipe: “Acércate a esa carreta.” 

 

Cuando Felipe se acercó, oyó que el oficial estaba leyendo del libro escrito por el profeta Isaías.  Entonces, Felipe le preguntó: “¿Entiende usted lo que está leyendo?” 

 

El hombre le respondió: “¿Cómo voy a entenderlo, si no hay quien me guíe?”  Y el oficial le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.


Él oficial estaba leyendo la parte que dice: "Como oveja fue llevado al matadero; como un cordero al que le cortan la lana, se quedó callado, no dijo nada.  Fue humillado, y no se le hizo justicia.  ¿Quién podrá hablar de sus descendientes?  Porque le quitaron la vida en la tierra.”

 

El oficial le preguntó a Felipe: “Dime, ¿está hablando el profeta de sí mismo, o de otra persona?”  Entonces Felipe, comenzó desde esa misma escritura, a contarle acerca de Jesús y cómo él cumplió esa profecía.

 

Llegaron a un lugar donde había agua.  “¡Mira!”  El oficial dijo.  “Aquí hay agua.  ¿Por qué no puedo ser bautizado ahora mismo?” 

 

Y Felipe le dijo: “Si crees con todo tu corazón, puedes.” 

 

El oficial respondió: “Creo que Jesús es el Hijo de Dios.” 

 

Enseguida el oficial mandó parar la carreta.  Los dos bajaron al agua, y Felipe lo bautizó.  Cuando subieron del agua, el Espíritu de Dios llevó a Felipe y el oficial no lo vio más.  Pero el oficial siguió su camino lleno de gozo.

 

Felipe fue llevado a otra ciudad.  Él iba de pueblo en pueblo contando las buenas noticias de Jesús.